87. Partido Racionalista
Lo sé, lo sé, aún no lo he fundado ni lo haré, convencido de que toda buena idea la acaban pervirtiendo los mamones de siempre, pero no por eso voy a dejar de lanzar unas cuantas propuestas electorales para las campañas que se avecinan. Como sé que el programa electoral de un partido político es cada vez más secundario (qué tiempos aquellos en los que creíamos que elegir a un partido o a otro era tan fácil como comparar sus programas electorales) no temo en absoluto que me copien las ideas los dos grandes partidos ni los nacionalistas. Es más, si tienen huevos que lo hagan… pero algo me dice que no caerán en esta provocación.
Primera propuesta. Cambiar la ley electoral. Se dejan los 350 escaños de siempre, se crea un único colegio electoral como en las elecciones europeas (mismas listas votes desde donde votes) y se encarga al Colegio de Matemáticos nacional una fórmula justa y simple para asignar los escaños a los votos (si no existiera dicho colegio en España contratamos a uno de fuera, preferiblemente alemán). Eso en cuanto a los parlamentos y ayuntamientos. A los líderes se los elige directamente. Elecciones presidenciales y elecciones directas a la alcaldía.
Segunda. Reforma de la financiación de los partidos políticos, impidiendo que se endeuden como lo hacen y acabando con la dependencia que tienen con los bancos. Con las nuevas tecnologías se ahorrarán un huevo y, de paso, con el huevo de más y la deuda de menos, podrán acotar un poco la vida sin reglas del mundo financiero patrio (ni por esas lo harían, pero hay que reclamarlo). También habrá que regular adecuadamente las aportaciones de los particulares (no me opongo, pero con límites) y, en definitiva, volver transparente la opaca financiación de los partidos. Ante la duda, que la Fiscalía Anticorrupción haga acto de presencia.
Tercera. Estatuto del político. Ellos y ellas no pueden autorregularse, suficiente es que le digan al resto de profesionales y ciudadanos lo que deben cobrar, sus derechos y obligaciones. A partir de ahora serán otros ciudadanos quienes dictaminen las normas que guíen los pasos del político profesional: sueldos y duración de los cargos políticos (no más de 8 años en los puestos de presidentes y alcaldes, ni más de 24 en la vida pública en general), régimen muy estricto de incompatibilidades (si están en política y cobran por ello significa dedicación absoluta, no queremos pluriempleo) e inhabilitaciones de por vida en los casos de corrupción. ¡Ah!, por cierto: primarias obligatorias para todos los partidos políticos.
Cuarta propuesta. Reforma de la justicia. Informatizar desde el Tribunal Supremo hasta los juzgados de paz (pasando por audiencias nacionales, provinciales, juzgados, etc.). Dotar de más personal a los juzgados. Revisar el código penal y civil para adecuar las sanciones y castigos a las faltas y delitos cometidos. Sancionar a los jueces por baja productividad. Potenciar la figura del jurado popular.
Quinta. Acabar con las diputaciones provinciales, fomentar las uniones administrativas de municipios sin temor a los catetos de siempre y terminar con el mamoneo entre administraciones y competencias. O sea, si se distribuyen competencias también hay que dar dinero para asumirlas. Si se especulan con ellas o se falla estrepitosamente en su gestión se quitan las competencias.
Sexto. En caso de duda, copiar a un país más civilizado y con más experiencia democrática que el nuestro, con preferencia a los nórdicos y a los anglos. Copiar no es malo, la civilización humana se basa en ello: el uso generalizado de la rueda es una prueba fehaciente.
Conforme se me vayan ocurriendo más ideas racionales las iré escribiendo. Por cierto, también valoraré las tuyas; ahí tienes el contador de comentarios a cero.
Mostrando entradas con la etiqueta Justicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Justicia. Mostrar todas las entradas
domingo, 24 de abril de 2011
sábado, 13 de febrero de 2010
27. El graznido justo
Nunca fue santo de mi devoción, ni por las formas ni por el contenido, no me gustó Pedro Pacheco, alcalde de Jérez de la Frontera desde 1979 hasta 2003, y uno de los líderes políticos más relevantes del Partido Andalucista, aunque ya no, fundó otro partido. Pero a veces ocurre que la gente a la que uno no aprecia demasiado dice la frase exacta, la palabra precisa, la idea concreta. La suya fue: “La Justicia en España es un cachondeo”. Lo dijo tras recibir un telegrama de la Audiencia Territorial de Sevilla que paralizaba la orden municipal de derribar unas viviendas ilegales en Jérez. Ya habían derruido unas cuantas pero… ¿a que no sabes a quién le estaban a punto de echar abajo el chalé? Efectivamente, al otrora terror de las nenas, al mismísimo Bertín Osborne. El alcalde obedeció, pero criticó la medida con su afortunada locución, y eso le valió una condena por desacato, lo que, por cierto, no le restó credibilidad en absoluto a lo que decía, más bien al contrario, aunque cabría matizar: “La Justicia en España en un cachondeo taco de serio”. Taco significa mucho.
Es curioso cómo el Poder Judicial se defiende mejor que ninguna otra institución de la libertad de expresión. Uno puede meterse con los políticos y con la política en general sin temer nada, y en cambio, cada vez que le toca las togas a sus señorías, éstas echan manos de sentencias y le amargan la existencia al opinante. A menos que seas Juan Luis Cebrián, Pedro J. Ramírez o cualquier otro Míster Importante de los medios de comunicación, claro; a estos se les permite casi todo.
Supongo que la excusa oficial de los jueces es que actúan así para defender la institución, aunque desde un punto de vista racional –aguántate la carcajada-, una institución que no reconoce su capacidad de cometer errores ni la libertad de otros para criticarlos es, sencillamente, indefendible. Este argumento público explica también el terrible corporativismo de la judicatura nacional. Recuerdo el caso de un juez, hará unos años, que dejó en libertad provisional a un narco que terminó fugándose. El prófugo era tan de fiar como un terrorista yihadista en una central nuclear. Mientras que todos nos echábamos las manos a la cabeza, el juez recibió el apoyo incondicional de sus compañeros: conservadores y progresistas. ¿Incompetencia, de verdad que aquello fue sólo incompetencia o hubo untamiento de nocilla? Lo que me lleva a otra pregunta que me aterra más todavía: ¿qué habrán hecho jueces como Lluís Pascual Estivill para estar en la cárcel? Ya conozco las razones oficiales, pero, visto lo visto, ¿eso fue todo?
Estas reflexiones vienen al caso por dos sucesos judiciales bastante relevantes que han ocurrido recientemente en España. El primero fue la absolución de siete narcotraficantes por la Audiencia de Valencia al considerar ilícitas las intervenciones telefónicas que probaron sus delitos –introdujeron 112 paquetes de cocaína por el Puerto de Valencia-. Repito: ¿sólo incompetencia?
El segundo ha sido la cacería contra Garzón. Van a por él, no es la primera vez, pero sí cuando más cerca están de inhabilitarlo. Al parecer no perdonan que el hijo de un obrero llegue por méritos propios a la Audiencia Nacional, no como juez, se entiende, y menos aún que sea extravertido, judicialmente hablando. Lo alabaron cuando metió en la cárcel a Vera y a Barrionuevo, pero cuando dijo el “No a la guerra” ya no fue tan guay, y tampoco antes, cuando ordenó el apresamiento de Pinochet, y mucho menos en la actualidad, con su instrucción de la trama Gürtel. Ahí fue cuando la derecha dijo: “Hasta aquí has llegado, Baltasar”. Ahora quieren quitarle la toga por aportar un poco de luz a las vergüenzas del franquismo, por los que murieron durante la Guerra Civil pero que el dictador Franco y sus secuaces consideraron más oportuno dejarlos donde cayeron… o donde los metieron. En la cuneta, en el olivar o en el Valle de los Caídos.
Ya le buscaron las cosquillas al juez por ganar dinero en Estados Unidos; se ve que si no te paga el grupo Murdoch, Berlusconi o los que juegan al pádel con Ánsar, el dinero que ganas no es el apropiado.
En fin, para uno que se atreve a graznar justamente, va a tener que vérselas con otros pájaros de peor agüero.
Es curioso cómo el Poder Judicial se defiende mejor que ninguna otra institución de la libertad de expresión. Uno puede meterse con los políticos y con la política en general sin temer nada, y en cambio, cada vez que le toca las togas a sus señorías, éstas echan manos de sentencias y le amargan la existencia al opinante. A menos que seas Juan Luis Cebrián, Pedro J. Ramírez o cualquier otro Míster Importante de los medios de comunicación, claro; a estos se les permite casi todo.
Supongo que la excusa oficial de los jueces es que actúan así para defender la institución, aunque desde un punto de vista racional –aguántate la carcajada-, una institución que no reconoce su capacidad de cometer errores ni la libertad de otros para criticarlos es, sencillamente, indefendible. Este argumento público explica también el terrible corporativismo de la judicatura nacional. Recuerdo el caso de un juez, hará unos años, que dejó en libertad provisional a un narco que terminó fugándose. El prófugo era tan de fiar como un terrorista yihadista en una central nuclear. Mientras que todos nos echábamos las manos a la cabeza, el juez recibió el apoyo incondicional de sus compañeros: conservadores y progresistas. ¿Incompetencia, de verdad que aquello fue sólo incompetencia o hubo untamiento de nocilla? Lo que me lleva a otra pregunta que me aterra más todavía: ¿qué habrán hecho jueces como Lluís Pascual Estivill para estar en la cárcel? Ya conozco las razones oficiales, pero, visto lo visto, ¿eso fue todo?
Estas reflexiones vienen al caso por dos sucesos judiciales bastante relevantes que han ocurrido recientemente en España. El primero fue la absolución de siete narcotraficantes por la Audiencia de Valencia al considerar ilícitas las intervenciones telefónicas que probaron sus delitos –introdujeron 112 paquetes de cocaína por el Puerto de Valencia-. Repito: ¿sólo incompetencia?
El segundo ha sido la cacería contra Garzón. Van a por él, no es la primera vez, pero sí cuando más cerca están de inhabilitarlo. Al parecer no perdonan que el hijo de un obrero llegue por méritos propios a la Audiencia Nacional, no como juez, se entiende, y menos aún que sea extravertido, judicialmente hablando. Lo alabaron cuando metió en la cárcel a Vera y a Barrionuevo, pero cuando dijo el “No a la guerra” ya no fue tan guay, y tampoco antes, cuando ordenó el apresamiento de Pinochet, y mucho menos en la actualidad, con su instrucción de la trama Gürtel. Ahí fue cuando la derecha dijo: “Hasta aquí has llegado, Baltasar”. Ahora quieren quitarle la toga por aportar un poco de luz a las vergüenzas del franquismo, por los que murieron durante la Guerra Civil pero que el dictador Franco y sus secuaces consideraron más oportuno dejarlos donde cayeron… o donde los metieron. En la cuneta, en el olivar o en el Valle de los Caídos.
Ya le buscaron las cosquillas al juez por ganar dinero en Estados Unidos; se ve que si no te paga el grupo Murdoch, Berlusconi o los que juegan al pádel con Ánsar, el dinero que ganas no es el apropiado.
En fin, para uno que se atreve a graznar justamente, va a tener que vérselas con otros pájaros de peor agüero.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)