101. El médico y el desgarro
A punto de irme de vacaciones con más calor que de costumbre, voy a aligerar la tarde con un chiste antiguo que siempre funciona.
Esto es un tipo que entra en la consulta del médico con una evidente cojera y signos de dolor en la cara. Es un hombre de mediana edad, con dos hijos, mujer, y un perro de casi 20 años que se llama Cobi porque tiene la nariz torcida. El aire acondicionado del centro de salud está estropeado, bueno, en realidad no, lo han apagado por lo del ahorro energético, aunque cuanto más se apaga el aire acondicionado más se suda y se ponen más lavadoras… y se usan más detergentes y desodorantes (en el mejor de los casos). Lo cierto es que el médico, un funcionario hipermotivado por la rebaja del sueldo y las palabras del nota del bucle capilar (Rosell, el presidente de la CEOE, que se quejaba recientemente de la prepotencia de los funcionarios sin mencionar la de los grandes empresarios) estaba ese día hasta los cojones. Como estamos en la España del siglo XXI diremos que nuestro médico en cuestión es negro, musulmán y gai… bueno, dejemos lo de musulmán y diremos que es simpatizante del Dalai Lama. Y tampoco nos vamos a meter en su orientación sexual o el color de su piel, trataba simplemente de darle cierto aire de exotismo al relato.
Como decía, el médico vio la cojera del tipo, la cara de dolor y preguntó lo inevitable:
-¿Qué le ocurre?
-Nada, doctor, que tengo un desgarro en el tobillo.
-¿Perdón? –inquirió el médico subiéndose las gafas.
-Sí, sí, un desgarro, ya sabe, salí esta mañana a pasear al perro, metí el pie en un socavón y me torcí el tobillo: un desgarro.
El médico le hizo indicaciones al señor de que se levantara la pernera del pantalón y se bajara el calcetín; tenía el tobillo tan hinchado como la pierna de su suegra.
-Bájese usted los pantalones –dijo el médico en un tono aséptico.
-Oiga, que yo el daño lo tengo en el tobillo.
-Lo sé, lo sé, pero se tiene que bajar los pantalones.
El tipo miró incrédulo la cara del médico, pero esta era la viva imagen del profesional que quiere irse lo antes posible, no la del cabrón que quería gastarle una broma.
-Está bien, está bien –dijo el tipo mientras se bajaba los pantalones.
-Los calzoncillos también, y dese la vuelta, por favor.
El tipo miró asombrado al médico, pero el doctor siguió leyendo un informe dando por descontado la obediencia del paciente.
-Oiga, que a mí lo que me pasa es que…
-Mire –cortó el galeno-, hace ya cinco minutos que debía haber cerrado la consulta, podría derivarlo perfectamente a urgencias y que tuviera que esperar allí cuatro horas en una sala abarrotada y con 10 grados más de temperatura, así que ya sabe, o hace usted lo que le digo o se va de aquí.
El tono del doctor no había sido ni siquiera desagradable, se veía que era un buen tipo, uno de estos que creen en la evolución del ser humano, en el eterno retorno y la reencarnación, alguien que habla del pensamiento positivo a todas horas… pero un hombre, al fin y al cabo, que también tiene ganas de llegar a su casa, darse una ducha y relajarse, pensaba el tipo. Además, ¿no se duchaba todos los días en el gimnasio? ¿Qué era mejor: enseñarle el culo peludo a un médico que te lo pide por favor o a un saco de carne de gimnasio hormonada con cara de becerro?
El tipo hizo una mueca de conformidad, la misma que utilizaba cuando pagaba los impuestos, llevaba a su suegra al callista o permitía que el novio de su hija pequeña se quedara en casa a dormir, así que se bajó los calzoncillos y le dio la espalda al médico.
Este cogió, presionó levemente en la espalda del paciente, le dijo que se agachara un poco, y con una soltura inimaginable le introdujo el miembro viril por el mismísimo ojete al paciente. El hombre chilló de dolor y dio muestras de querer soltarse para matar al médico, pero el doctor en un tono muy pausado, con gran sentido común le dijo:
-Esto, amigo mío, es un desgarro, lo que tiene usted en el tobillo es un esguince.
No me negarás que ha resultado didáctico.
domingo, 31 de julio de 2011
domingo, 24 de julio de 2011
100. Paquito el Chocolatero
Cuando quiso sustituir a Rajoy hizo que lo llamaran Paco, luego, un amiguito del alma más tarde, se refugió en el regionalismo y pidió que se dirigieran a él como Françesc. Hoy prefieren que le llamen Francisco y puede que en un futuro cercano insista en recordarnos su segundo nombre: Enrique; cualquier estratagema, por burda que sea, le vale a Camps para tratar de confundirnos.
Francisco, al fin y al cabo, ha dimitido al sentirse solo y desamparado, sin que su amigo Mariano esté delante, detrás o al lado. Ha sido una putada, pero ahora que lo pienso Rajoy nunca fue su amiguito del alma. Otro que sí debió serlo o al menos estar muy cerca de su corazón fue Ricardo Costa, el que mejor ha comprendido la manera de ser del molt honorable bribón; Costa sí que ha actuado como un amigo conocedor del paño que se gastaba: “Firma tú primero que luego voy yo”: aleccionador… y exitoso, en vista de los acontecimientos y de cómo Paquito amagó todo el día con presentarse en la sede del Tribunal Superior de Justicia de Valencia, para dejar finalmente tirados a Bertoret y a Víctor Campos. Al tipo no le importa traicionar hasta el último segundo y luego interpretar una pantomima en la que todavía tuvo los santos cojones de declararse inocente. El patetismo de su dimisión ha sido congruente con el personaje. Muchos de los que siguen en la vida a gente como Camps deberían sacar alguna conclusión de este episodio, de la factura que uno tiene que pagar cuando elige al amiguito equivocado.
No obstante y a pesar de las dudas que ha suscitado su salud mental, su equilibrio sicológico, hay que reconocerle a Paco que conoce bien a su pueblo, a los que le han dado por tercera vez consecutiva la mayoría absoluta en las elecciones autonómicas. No está loco Camps, es un cobardón, un mentiroso y un traidor infinito, sin escrúpulos, pero sabe que esa manera de ser, aquí, en su reino valenciano, da frutos. Y no sólo a los políticos.
Es verdad que gente como Francisco Enrique pululan por toda España (y por Europa, y el mundo…), y ganan elecciones allí donde se presentan, pero también es verdad que, al menos en nuestro país, ha sido en la Comunidad Valenciana donde se ha alcanzado el culmen del despropósito.
También hace bien en albergar esperanzas, en luchar por su honorabilidad a sabiendas de que lo va a juzgar un jurado popular, formado, en definitiva, por votantes. Sí, puede tener mala suerte y que le toquen todos del Bloc o del PSOE, pero siendo fieles a la estadística, lo normal es que lo juzguen más peperos valencianos que otra cosa. Y los suyos van a ser comprensivos con él hasta el final. Además, seguramente sea lo más justo; en definitiva, una democracia consiste en eso, en que los ciudadanos ejerzan también su responsabilidad como tales, y puedan exonerar a Curro Camps de un delito que sí ha cometido (al menos su abogado llegó a presentar un escrito donde el molt honorable pirata reconocía su culpabilidad. Cierto es que nunca llegó a firmar el papelito, como bien sospechaba Ricardo Costa). Ejercer la responsabilidad como ciudadanos… y acatar las consecuencias, aunque esta segunda parte mole menos.
No obstante y a la espera del juicio, hay que reconocer para la tranquilidad de los demócratas que se ha ganado una batalla a la corrupción política; alguien, por fin, le dijo al personaje que las Fallas habían acabado y que no podía seguir con la música puesta. Paquito el Chocolatero confía en su suerte y en su partido para salvarse el culo (sólo tiene 48 años, puede llegar a ser ministro perfectamente). Yo prefiero no confiar en nada y observar, sacar conclusiones y escribir… pero habrá que disfrutar del momento por corto que sea.
Chao, Paquito, demasiado enchufe en la vida te ha cortocircuitado, dale recuerdos de mi parte a Jack Sparrow y los piratas de La Perla Negra.
Cuando quiso sustituir a Rajoy hizo que lo llamaran Paco, luego, un amiguito del alma más tarde, se refugió en el regionalismo y pidió que se dirigieran a él como Françesc. Hoy prefieren que le llamen Francisco y puede que en un futuro cercano insista en recordarnos su segundo nombre: Enrique; cualquier estratagema, por burda que sea, le vale a Camps para tratar de confundirnos.
Francisco, al fin y al cabo, ha dimitido al sentirse solo y desamparado, sin que su amigo Mariano esté delante, detrás o al lado. Ha sido una putada, pero ahora que lo pienso Rajoy nunca fue su amiguito del alma. Otro que sí debió serlo o al menos estar muy cerca de su corazón fue Ricardo Costa, el que mejor ha comprendido la manera de ser del molt honorable bribón; Costa sí que ha actuado como un amigo conocedor del paño que se gastaba: “Firma tú primero que luego voy yo”: aleccionador… y exitoso, en vista de los acontecimientos y de cómo Paquito amagó todo el día con presentarse en la sede del Tribunal Superior de Justicia de Valencia, para dejar finalmente tirados a Bertoret y a Víctor Campos. Al tipo no le importa traicionar hasta el último segundo y luego interpretar una pantomima en la que todavía tuvo los santos cojones de declararse inocente. El patetismo de su dimisión ha sido congruente con el personaje. Muchos de los que siguen en la vida a gente como Camps deberían sacar alguna conclusión de este episodio, de la factura que uno tiene que pagar cuando elige al amiguito equivocado.
No obstante y a pesar de las dudas que ha suscitado su salud mental, su equilibrio sicológico, hay que reconocerle a Paco que conoce bien a su pueblo, a los que le han dado por tercera vez consecutiva la mayoría absoluta en las elecciones autonómicas. No está loco Camps, es un cobardón, un mentiroso y un traidor infinito, sin escrúpulos, pero sabe que esa manera de ser, aquí, en su reino valenciano, da frutos. Y no sólo a los políticos.
Es verdad que gente como Francisco Enrique pululan por toda España (y por Europa, y el mundo…), y ganan elecciones allí donde se presentan, pero también es verdad que, al menos en nuestro país, ha sido en la Comunidad Valenciana donde se ha alcanzado el culmen del despropósito.
También hace bien en albergar esperanzas, en luchar por su honorabilidad a sabiendas de que lo va a juzgar un jurado popular, formado, en definitiva, por votantes. Sí, puede tener mala suerte y que le toquen todos del Bloc o del PSOE, pero siendo fieles a la estadística, lo normal es que lo juzguen más peperos valencianos que otra cosa. Y los suyos van a ser comprensivos con él hasta el final. Además, seguramente sea lo más justo; en definitiva, una democracia consiste en eso, en que los ciudadanos ejerzan también su responsabilidad como tales, y puedan exonerar a Curro Camps de un delito que sí ha cometido (al menos su abogado llegó a presentar un escrito donde el molt honorable pirata reconocía su culpabilidad. Cierto es que nunca llegó a firmar el papelito, como bien sospechaba Ricardo Costa). Ejercer la responsabilidad como ciudadanos… y acatar las consecuencias, aunque esta segunda parte mole menos.
No obstante y a la espera del juicio, hay que reconocer para la tranquilidad de los demócratas que se ha ganado una batalla a la corrupción política; alguien, por fin, le dijo al personaje que las Fallas habían acabado y que no podía seguir con la música puesta. Paquito el Chocolatero confía en su suerte y en su partido para salvarse el culo (sólo tiene 48 años, puede llegar a ser ministro perfectamente). Yo prefiero no confiar en nada y observar, sacar conclusiones y escribir… pero habrá que disfrutar del momento por corto que sea.
Chao, Paquito, demasiado enchufe en la vida te ha cortocircuitado, dale recuerdos de mi parte a Jack Sparrow y los piratas de La Perla Negra.
domingo, 17 de julio de 2011
99. Terrorismo financiero
Muy pocos intelectuales en la década de los 90 pronosticaron el peligro del terrorismo yihadista. Aunque los guionistas de Holywood ya avisaron de lo que podía hacer un loco a los mandos de un avión, la “gente seria” desconfió de aquellos tipos raros que vivían de entretener al público. Y si la gente seria y los Mr Importantes de turno recelaron o se lo tomaron como mero divertimento, el gran público no se paró a pesar siquiera en que alguien podía matar de la manera en que luego lo harían. No era un problema del que preocuparse. Pero llegó el 11 de septiembre de 2001 y nos llamaron por teléfono para decirnos aquello de: “Enciende la tele”. Nadie especificó el canal, daba igual, lo echaban en todos.
Sobre el terrorismo financiero tampoco escuchamos o leímos mejores advertencias. Claro que siempre hubo algún “peligroso izquierdista” que desde las páginas del Le Monde diplomatique escribía sobre las crecientes brechas entre ricos y pobres. Pero quienes las leímos nos consideramos a salvo porque teníamos la armadura de la clase media y todo el mundo sabe que la clase media debe existir en una sociedad occidental, civilizada y desarrollada, y que uno siempre aspira a evolucionar y a convertirse en clase media guion alta. Hasta que llegaron los años del spanish splendor y aquí pareció ganar dinero todo el mundo menos la peña formada y joven, que vimos cómo los años invertidos en estudios y esfuerzos se traducían, como mucho, en un sueldo mileurista (quién lo hubiera pillado, yo no, desde luego) y en un trato vejatorio. Y después llegó 2008, amaneció y nos quedamos sin fiesta, y nos hicieron recoger las basuras que tiraron otros, y los sueldos bajaron, las horas de curro subieron y nuestros derechos laborales se fueron a la mierda, pero sólo para los afortunados, porque a muchos los echaron a la puta calle, más puta que nunca.
Ahora, en esta crisis interminable y de tantas fases en las que cada una de ellas ha perjudicado más al ciudadano, la otrora clase media se ha transformado en masas empobrecidas. Por su parte, la gente decente y pudiente (la hay, aunque escasee) ya empieza a darse cuenta de que los próximos de la lista son ellos, y claro, aquí ya han empezado a hablar:
-Oiga, policía, que hay un mercado suelto por la calle que amenaza con dejarme sin casa y con hipoteca, sin curro y con deudas.
Pero el tema ya no es de clase, de sector o regional, el peligro ya se ha globalizado, y por culpa de los terroristas financieros que trabajan para las tres empresas de calificación estadounidenses (Fitch, Moody's, Standard & Poor's un país entero se empobrece cada día que pasa (Grecia), y otro más (Irlanda), y otro (Portugal) y los que siguen (España e Italia… ¿Estados Unidos también? Mientras siga Obama desde luego: los terroristas financieros no quieren nada que huela a izquierdista o keynesiano ni de lejos). Esos cabrones deciden semanalmente a qué países han de castigar los inversores. Pero no sólo hay terroristas financieros en las agencias de calificación, también los hay en el Fondo Monetario Internacional, en el Banco Central Europeo y en la Comisión Europea (donde están nuestros políticos). Terroristas o colaboradores necesarios, da igual, las víctimas somos nosotros y ellos nuestros verdugos.
Y luego la peña se rasga las vestiduras porque algunos del 15-M hayan dificultado a los políticos españoles entrar en los parlamentos regionales. Habría que impedir la entrada de tanto mangante hijo de puta en esas instituciones. Si nos tienen que defender de los terroristas financieros gente como Mas, Camps, Cospedal, Mariano, Solbes o ZP aviados estamos.
No queda otra, hay que redistribuir el miedo entre políticos y banqueros, sólo así se parará este nuevo y peligroso terrorismo.
Muy pocos intelectuales en la década de los 90 pronosticaron el peligro del terrorismo yihadista. Aunque los guionistas de Holywood ya avisaron de lo que podía hacer un loco a los mandos de un avión, la “gente seria” desconfió de aquellos tipos raros que vivían de entretener al público. Y si la gente seria y los Mr Importantes de turno recelaron o se lo tomaron como mero divertimento, el gran público no se paró a pesar siquiera en que alguien podía matar de la manera en que luego lo harían. No era un problema del que preocuparse. Pero llegó el 11 de septiembre de 2001 y nos llamaron por teléfono para decirnos aquello de: “Enciende la tele”. Nadie especificó el canal, daba igual, lo echaban en todos.
Sobre el terrorismo financiero tampoco escuchamos o leímos mejores advertencias. Claro que siempre hubo algún “peligroso izquierdista” que desde las páginas del Le Monde diplomatique escribía sobre las crecientes brechas entre ricos y pobres. Pero quienes las leímos nos consideramos a salvo porque teníamos la armadura de la clase media y todo el mundo sabe que la clase media debe existir en una sociedad occidental, civilizada y desarrollada, y que uno siempre aspira a evolucionar y a convertirse en clase media guion alta. Hasta que llegaron los años del spanish splendor y aquí pareció ganar dinero todo el mundo menos la peña formada y joven, que vimos cómo los años invertidos en estudios y esfuerzos se traducían, como mucho, en un sueldo mileurista (quién lo hubiera pillado, yo no, desde luego) y en un trato vejatorio. Y después llegó 2008, amaneció y nos quedamos sin fiesta, y nos hicieron recoger las basuras que tiraron otros, y los sueldos bajaron, las horas de curro subieron y nuestros derechos laborales se fueron a la mierda, pero sólo para los afortunados, porque a muchos los echaron a la puta calle, más puta que nunca.
Ahora, en esta crisis interminable y de tantas fases en las que cada una de ellas ha perjudicado más al ciudadano, la otrora clase media se ha transformado en masas empobrecidas. Por su parte, la gente decente y pudiente (la hay, aunque escasee) ya empieza a darse cuenta de que los próximos de la lista son ellos, y claro, aquí ya han empezado a hablar:
-Oiga, policía, que hay un mercado suelto por la calle que amenaza con dejarme sin casa y con hipoteca, sin curro y con deudas.
Pero el tema ya no es de clase, de sector o regional, el peligro ya se ha globalizado, y por culpa de los terroristas financieros que trabajan para las tres empresas de calificación estadounidenses (Fitch, Moody's, Standard & Poor's un país entero se empobrece cada día que pasa (Grecia), y otro más (Irlanda), y otro (Portugal) y los que siguen (España e Italia… ¿Estados Unidos también? Mientras siga Obama desde luego: los terroristas financieros no quieren nada que huela a izquierdista o keynesiano ni de lejos). Esos cabrones deciden semanalmente a qué países han de castigar los inversores. Pero no sólo hay terroristas financieros en las agencias de calificación, también los hay en el Fondo Monetario Internacional, en el Banco Central Europeo y en la Comisión Europea (donde están nuestros políticos). Terroristas o colaboradores necesarios, da igual, las víctimas somos nosotros y ellos nuestros verdugos.
Y luego la peña se rasga las vestiduras porque algunos del 15-M hayan dificultado a los políticos españoles entrar en los parlamentos regionales. Habría que impedir la entrada de tanto mangante hijo de puta en esas instituciones. Si nos tienen que defender de los terroristas financieros gente como Mas, Camps, Cospedal, Mariano, Solbes o ZP aviados estamos.
No queda otra, hay que redistribuir el miedo entre políticos y banqueros, sólo así se parará este nuevo y peligroso terrorismo.
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