99. Terrorismo financiero
Muy pocos intelectuales en la década de los 90 pronosticaron el peligro del terrorismo yihadista. Aunque los guionistas de Holywood ya avisaron de lo que podía hacer un loco a los mandos de un avión, la “gente seria” desconfió de aquellos tipos raros que vivían de entretener al público. Y si la gente seria y los Mr Importantes de turno recelaron o se lo tomaron como mero divertimento, el gran público no se paró a pesar siquiera en que alguien podía matar de la manera en que luego lo harían. No era un problema del que preocuparse. Pero llegó el 11 de septiembre de 2001 y nos llamaron por teléfono para decirnos aquello de: “Enciende la tele”. Nadie especificó el canal, daba igual, lo echaban en todos.
Sobre el terrorismo financiero tampoco escuchamos o leímos mejores advertencias. Claro que siempre hubo algún “peligroso izquierdista” que desde las páginas del Le Monde diplomatique escribía sobre las crecientes brechas entre ricos y pobres. Pero quienes las leímos nos consideramos a salvo porque teníamos la armadura de la clase media y todo el mundo sabe que la clase media debe existir en una sociedad occidental, civilizada y desarrollada, y que uno siempre aspira a evolucionar y a convertirse en clase media guion alta. Hasta que llegaron los años del spanish splendor y aquí pareció ganar dinero todo el mundo menos la peña formada y joven, que vimos cómo los años invertidos en estudios y esfuerzos se traducían, como mucho, en un sueldo mileurista (quién lo hubiera pillado, yo no, desde luego) y en un trato vejatorio. Y después llegó 2008, amaneció y nos quedamos sin fiesta, y nos hicieron recoger las basuras que tiraron otros, y los sueldos bajaron, las horas de curro subieron y nuestros derechos laborales se fueron a la mierda, pero sólo para los afortunados, porque a muchos los echaron a la puta calle, más puta que nunca.
Ahora, en esta crisis interminable y de tantas fases en las que cada una de ellas ha perjudicado más al ciudadano, la otrora clase media se ha transformado en masas empobrecidas. Por su parte, la gente decente y pudiente (la hay, aunque escasee) ya empieza a darse cuenta de que los próximos de la lista son ellos, y claro, aquí ya han empezado a hablar:
-Oiga, policía, que hay un mercado suelto por la calle que amenaza con dejarme sin casa y con hipoteca, sin curro y con deudas.
Pero el tema ya no es de clase, de sector o regional, el peligro ya se ha globalizado, y por culpa de los terroristas financieros que trabajan para las tres empresas de calificación estadounidenses (Fitch, Moody's, Standard & Poor's un país entero se empobrece cada día que pasa (Grecia), y otro más (Irlanda), y otro (Portugal) y los que siguen (España e Italia… ¿Estados Unidos también? Mientras siga Obama desde luego: los terroristas financieros no quieren nada que huela a izquierdista o keynesiano ni de lejos). Esos cabrones deciden semanalmente a qué países han de castigar los inversores. Pero no sólo hay terroristas financieros en las agencias de calificación, también los hay en el Fondo Monetario Internacional, en el Banco Central Europeo y en la Comisión Europea (donde están nuestros políticos). Terroristas o colaboradores necesarios, da igual, las víctimas somos nosotros y ellos nuestros verdugos.
Y luego la peña se rasga las vestiduras porque algunos del 15-M hayan dificultado a los políticos españoles entrar en los parlamentos regionales. Habría que impedir la entrada de tanto mangante hijo de puta en esas instituciones. Si nos tienen que defender de los terroristas financieros gente como Mas, Camps, Cospedal, Mariano, Solbes o ZP aviados estamos.
No queda otra, hay que redistribuir el miedo entre políticos y banqueros, sólo así se parará este nuevo y peligroso terrorismo.
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domingo, 17 de julio de 2011
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domingo, 4 de julio de 2010
47. Guerra de guerrillas
No paraba de preguntarme cómo es que en España no había movilizaciones y huelgas igual que en Grecia, habida cuenta de que tenemos el doble de paro que ellos. Quizás todo lleve su tiempo y la huelga del metro de Madrid sea el preludio de lo que viene; si en las próximas semanas la selección nacional de fútbol no gana el Mundial y sucesos como los de Madrid se repiten en otras grandes urbes españolas, vamos a tener un verano movidito (no te olvides de los pilotos de aviones y controladores aéreos), y un próximo otoño más hiperactivo que una clase de 2º de la ESO. El reúma empieza a calar hasta la médula ósea y esto ya no lo arregla ni su puta madre punto org. Tenemos crisis para un lustro. Lo menos.
Es justo que los trabajadores comiencen a enseñar los dientes, desde un punto de vista neutral es lógico; hasta ahora sólo veíamos la comprensión del Fondo Monetario Internacional -FMI-, de los economistas de la Merkel y del Joaquín Almunia de turno hacia los matones financieros: “Ok, vosotros sois responsables de la crisis pero no pasa nada, papá Estado, que tiene las cuentas saneadas, presta dinero a los bancos y arreglamos el sistema financiero”. Como el Estado se queda sin pasta se tiene que endeudar y ¿quién paga la deuda de los malos?, pues los trabajadores, los funcionarios, los pensionistas y cualquiera que se levante a las seis y media de la mañana a doblar la espalda. Pero esa pasta adicional no se gasta, por lo que el Estado deja de invertir y nuestra maltrecha economía, sin un mínimo de oxígeno, se apaga. “Pues nada, reformas estructurales del mercado laboral, que la gente cobra demasiado y trabaja poco y encima se quiere quedar en casa cuando se pone mala, que hay que ser como los chinos, señores: tlabajal sin descansal y sin pone mala cala”. Y si no es suficiente se sube el IVA, eso sí, nada de impuestos extras a la banca o a las SICAV (sociedad de inversión de capital variable, para entendernos, un colectivo de 100 inversores -como mínimo- y con mucha pasta gansa que sólo tributan al 1% frente al 18% que tributo yo, mi padre y toda la peña que conozco; para entendernos todavía mejor: los 100 inversores son en la mayoría de los casos ficticios, tienen nombre y apellidos pero pintan poco, el que pinta es uno de ellos que es quien tiene la pasta, monta una Sicav entre familiares y conocidos –esta cuenta va a tu nombre pero no te olvides de quién es la pasta-, y en vez de pagar a Hacienda un 18 paga un 1%. Estos ricachones defraudadores son conocidos como los mariachis -ponle música mejicana y canta en voz alta conmigo-: “Con dinero y sin dinero yo hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”. Ante la infamia fraudulenta, Hacienda reaccionó y les dijo: para esto no se crearon las Sicav y vas a pagar al 18%. Ante el deber cumplido, el Congreso de los Diputados y esa cosa llamada Senado reaccionaron: le quitaron la competencia a Hacienda de controlar fiscalmente a las Sicav y se la pasaron a la Comisión Nacional del Mercado de Valores –CNMV-, reconocida mundialmente por su capacidad para detectar fraudes –lo de Gescartera fue un fallillo de nada-. Desde entonces las Sicav no han vuelto a tener problemas porque la CNMV no ha detectado ni una irregularidad. ¿A que entran ganas de disolver las Cortes Generales y condenarlos a trabajos forzados pavimentando autovías en pleno mes de agosto?).
En esas estábamos cuando el expresidente de Caja Castilla La Mancha, Juan Pedro Hernández Moltó, el perdonavidas que antaño pedía que le miraran a los ojos y que luego arruinó con su gestión a la citada caja, dice que metió al marido de Cospedal en la dirección de la misma porque no le quedaba remedio, para mantener el equilibrio político en la caja de ahorros. Hasta le crearon el puesto, porque todas las sillas estaban ya ocupadas por los amiguitos de turno. Este es el paradigma de la economía y de la política española.
Y luego los poderes económico, político y mediático se quejan de “la huelga salvaje del metro de Madrid”, y piden comedimiento, que los trabajadores se están pasando, que hay que castigar a los piquetes, a los huelguistas y a los sindicatos. Todavía se creen que la peña ignora que estamos en guerra. El Gobierno debería sonreír menos con la cara de acojono de Esperanza Aguirre y pensar que el buen ejemplo de Madrid puede cundir: huelgas sectoriales que paralicen a una gran ciudad. Eso es mucho más efectivo que una huelga general.
Visto que nuestros políticos sólo hacen caso a quienes les acojonan habrá que meterles más miedo que los mercados financieros. Renunciemos a la apatía y a una confrontación total; esto es una guerra de guerrillas.
No paraba de preguntarme cómo es que en España no había movilizaciones y huelgas igual que en Grecia, habida cuenta de que tenemos el doble de paro que ellos. Quizás todo lleve su tiempo y la huelga del metro de Madrid sea el preludio de lo que viene; si en las próximas semanas la selección nacional de fútbol no gana el Mundial y sucesos como los de Madrid se repiten en otras grandes urbes españolas, vamos a tener un verano movidito (no te olvides de los pilotos de aviones y controladores aéreos), y un próximo otoño más hiperactivo que una clase de 2º de la ESO. El reúma empieza a calar hasta la médula ósea y esto ya no lo arregla ni su puta madre punto org. Tenemos crisis para un lustro. Lo menos.
Es justo que los trabajadores comiencen a enseñar los dientes, desde un punto de vista neutral es lógico; hasta ahora sólo veíamos la comprensión del Fondo Monetario Internacional -FMI-, de los economistas de la Merkel y del Joaquín Almunia de turno hacia los matones financieros: “Ok, vosotros sois responsables de la crisis pero no pasa nada, papá Estado, que tiene las cuentas saneadas, presta dinero a los bancos y arreglamos el sistema financiero”. Como el Estado se queda sin pasta se tiene que endeudar y ¿quién paga la deuda de los malos?, pues los trabajadores, los funcionarios, los pensionistas y cualquiera que se levante a las seis y media de la mañana a doblar la espalda. Pero esa pasta adicional no se gasta, por lo que el Estado deja de invertir y nuestra maltrecha economía, sin un mínimo de oxígeno, se apaga. “Pues nada, reformas estructurales del mercado laboral, que la gente cobra demasiado y trabaja poco y encima se quiere quedar en casa cuando se pone mala, que hay que ser como los chinos, señores: tlabajal sin descansal y sin pone mala cala”. Y si no es suficiente se sube el IVA, eso sí, nada de impuestos extras a la banca o a las SICAV (sociedad de inversión de capital variable, para entendernos, un colectivo de 100 inversores -como mínimo- y con mucha pasta gansa que sólo tributan al 1% frente al 18% que tributo yo, mi padre y toda la peña que conozco; para entendernos todavía mejor: los 100 inversores son en la mayoría de los casos ficticios, tienen nombre y apellidos pero pintan poco, el que pinta es uno de ellos que es quien tiene la pasta, monta una Sicav entre familiares y conocidos –esta cuenta va a tu nombre pero no te olvides de quién es la pasta-, y en vez de pagar a Hacienda un 18 paga un 1%. Estos ricachones defraudadores son conocidos como los mariachis -ponle música mejicana y canta en voz alta conmigo-: “Con dinero y sin dinero yo hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”. Ante la infamia fraudulenta, Hacienda reaccionó y les dijo: para esto no se crearon las Sicav y vas a pagar al 18%. Ante el deber cumplido, el Congreso de los Diputados y esa cosa llamada Senado reaccionaron: le quitaron la competencia a Hacienda de controlar fiscalmente a las Sicav y se la pasaron a la Comisión Nacional del Mercado de Valores –CNMV-, reconocida mundialmente por su capacidad para detectar fraudes –lo de Gescartera fue un fallillo de nada-. Desde entonces las Sicav no han vuelto a tener problemas porque la CNMV no ha detectado ni una irregularidad. ¿A que entran ganas de disolver las Cortes Generales y condenarlos a trabajos forzados pavimentando autovías en pleno mes de agosto?).
En esas estábamos cuando el expresidente de Caja Castilla La Mancha, Juan Pedro Hernández Moltó, el perdonavidas que antaño pedía que le miraran a los ojos y que luego arruinó con su gestión a la citada caja, dice que metió al marido de Cospedal en la dirección de la misma porque no le quedaba remedio, para mantener el equilibrio político en la caja de ahorros. Hasta le crearon el puesto, porque todas las sillas estaban ya ocupadas por los amiguitos de turno. Este es el paradigma de la economía y de la política española.
Y luego los poderes económico, político y mediático se quejan de “la huelga salvaje del metro de Madrid”, y piden comedimiento, que los trabajadores se están pasando, que hay que castigar a los piquetes, a los huelguistas y a los sindicatos. Todavía se creen que la peña ignora que estamos en guerra. El Gobierno debería sonreír menos con la cara de acojono de Esperanza Aguirre y pensar que el buen ejemplo de Madrid puede cundir: huelgas sectoriales que paralicen a una gran ciudad. Eso es mucho más efectivo que una huelga general.
Visto que nuestros políticos sólo hacen caso a quienes les acojonan habrá que meterles más miedo que los mercados financieros. Renunciemos a la apatía y a una confrontación total; esto es una guerra de guerrillas.
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