64. El Señor de las Ficciones
El tipo abrió los ojos y aspiró una bocanada de aire, por un segundo sintió que se ahogaba, pero no, todo estaba bien y tranquilo, así que permaneció unos segundos más acostado. Luego se incorporó con cierta premura, como el que trata de recordar algo importante y urgente, pero no halló el motivo ni la prisa, así que volvió a relajarse. Sonrió y pensó que podía pasarse así toda la vida: activándose y relajándose sucesivamente, a cada paso.
Se miró las manos. Buscaba serenidad y fuerza y las halló en sus dorsos tostados y en las palmas callosas. “Qué raró”, pensó, “Juraría que eran más viejas”. Sintiéndose más seguro comenzó a caminar y salió de la casa acogedora: afuera encontró un campo familiar. Tal vez uno de su infancia o adolescencia, no lo sabía, había un río y caminó hasta él; casi al mismo tiempo divisó a otro hombre que miraba a la orilla.
“Buenas” dijo el tipo al desconocido. “Bienvenido”, respondió el otro.
-¿Dónde estoy? –preguntó al cerciorarse de que algo raro había ocurrido.
-Tú sabrás, el recuerdo es tuyo, pero es una mezcla de paisajes vistos, imaginados y soñados. Siempre es así.
El tipo calló. Se daba cuenta ahora de la urgencia, de su ansia por respirar.
-¿He muerto? –dijo arrepintiéndose al instante de la pregunta. Sabía que era así, pero no tenía miedo ni pena.
-Ya lo sabes –dijo el desconocido volviéndose. Era un hombre demasiado común, alguien olvidable al instante de verlo-. Aunque no durará mucho, cuando terminemos seguirás tu camino.
“¿Mi camino? ¿Adónde?”, pensó el tipo.
-¿Quién eres? –preguntó al desconocido, “y ¿quién soy?”, pensó seguidamente.
-No te esfuerces, sabes quién eres pero no lo recuerdas, es necesario que sea así, lo es para que continúes. Y no te preocupes por la dirección, no es la primera ni la última vez que te pasa esto, pero cada vez andarás con menos miedo.
El tipo se sorprendió de que el desconocido hubiera adivinado sus pensamientos. No sentía miedo, seguro, pero le incomodaba preguntar lo siguiente.
-No me dirás que eres Dios.
El desconocido sonrió.
-Buena manera de resolverlo, al final lo has negado en vez de preguntarlo y aun así buscas mi respuesta. Tranquilo, no soy Dios, soy el Señor de las Ficciones.
-¿Perdón?
-Divinidad, Señor… da igual el nombre, soy quien recibe a los idealistas, a los creadores… a los soñadores. Les doy la bienvenida y algo más en este instante transitorio. Sólo volveremos a vernos cuando mueras de nuevo, así ha sido, es y será. Mi tarea aquí es tranquilizaros, infundiros ánimos ante lo desconocido… aunque pocos de vosotros lo necesitáis y mucho menos tú.
-Creo que no te entiendo –dijo el tipo.
-Claro que sí. Has dedicado tu vida a soñar otra realidad, a luchar por unos ideales, por una ficción, por algo irreal que aún no era pero que debía ocurrir. Sois los constructores del mundo, trabajáis y vivís por una obra que os superará siempre: nunca la veréis terminada, nunca estaréis del todo satisfechos con ella… pero habrá valido la pena. Los que te suceden se alzarán sobre tus hombros y verán más lejos que tú, y tú sobre los de ellos cuando te vuelva a tocar. Has cambiado la realidad, no desde luego como imaginaste ni deseaste, pero la suerte de muchos ha mejorado gracias a ti.
-Como el que inventó la rueda.
-Por ejemplo.
-Lo recuerdo… luché por los derechos de los hombres y mujeres, sobreviví a la guerra, al exilio, a la cárcel… y seguí luchando, mi objetivo fue siempre que los demás vivieran mejor… pero no fui un creador.
-Sí, lo eres, viste tan claro en tu mente cómo debían ser las cosas, que tu sueño fue más fuerte que la realidad. Sólo fuiste consciente de la miseria y del lodo porque sabías que había que limpiarlos, nada más. En tu alma siempre pesará más lo que debe ser que lo que es, por eso los que sois como tú cambiáis la realidad. Es la impronta de la casa, de la ficción, de los sueños.
El tipo sonrió, no creía todo lo que escuchaba pero lo había comprendido, estaba satisfecho, aunque no del todo: siempre se podían hacer mejor las cosas. Trató de recordar más pero no pudo, no obstante era feliz, se sentía ligero, sin obligaciones.
-Muy bien, creo que es hora de continuar, encantado de conocerte, Señor de las Ficciones, pero debo seguir.
-Marcelino –le dijo al tipo que ya se marchaba.
-¿Si? –dijo girándose.
-Te dije que estaba aquí para darte la bienvenida y algo más.
-¿Un mapa? ¿Un salvoconducto? ¿Un carné? –preguntó el tipo riendo.
-No –sonrió el Señor de las Ficciones-, las gracias. Muchas gracias por creer, muchas gracias por crear.
El tipo sonrió y asintió, no era lo que esperaba pero estaba bien, levantó la mano y se despidió del extraño personaje, tenía que seguir caminando.
domingo, 31 de octubre de 2010
domingo, 24 de octubre de 2010
63. Los próximos ahogados
La noche del 2 de octubre dos tipos viajaban en un vehículo, pendientes de cualquier señal que les indicara dónde coño estaban. Circulaban por una mala carretera, no tanto por el firme, la falta de peralte o quitamiedos, que también, sino por la nula señalización. Se habían pasado la mañana vendiendo bolsos y cinturones en un municipio pacense; la noche les pilló camino de Almadén, en Ciudad Real; allí descansarían y seguirían vendiendo a la mañana siguiente. Llevaban un localizador, un GPS; lo siguieron y el aparatito empezó a rayarse. Ahora por aquí, ahora por allá, te lo digo en italiano, francés o inglés, voz de hombre o de mujer, pero la dirección correcta, colega, que te la dé cualquier lugareño, porque yo tampoco tengo ni la más remota idea de por dónde queda Almadén ni Ciudad Real. Así que supongo que el conductor empezaría a mentar a la madre del aparato electrónico y, de paso, a los padres de los ingenieros de caminos, canales y puertos que diseñaron la carretera, y me imagino que el senegalés debió seguir ciscándose en la Dirección General de Tráfico y en todo bicho viviente, hasta que el pantano de La Serena, en la provincia de Badajoz, le salió al encuentro.
Cuando me enteré de la noticia me pareció propia de un relato de terror. Recuerdo que la comenté en voz alta, estupefacto, y una tipa comenzó a reírse, metiéndose con la pericia del conductor. Pensé que aquello podía haberme ocurrido a mí, que soy miope, me oriento mal y me lío con el GPS; si a eso le sumas la noche y el cansancio resulta que la ecuación es igual a: vulnerabilidad. Así que no compartí las risas de la comentarista y me afané por averiguar cómo había ocurrido la tragedia para tratar de aprender en cabeza ajena.
El Peugeot 306 se precipitó en el embalse de La Serena. Los dos senegaleses pudieron salir del coche que ya se hundía, pero el conductor, Mohamadou Dassi Gueye, no sabía nadar y pereció ahogado.
Mira, pensé, al menos yo sé nadar, claro que luego me percaté de que a lo mejor no hubiera tenido la fuerza del senegalés para abrir la puerta de un vehículo inmerso en agua. Pero, bueno, razoné, tal vez no hubiera caído al pantano, quizás yo o mi chica habríamos visto alguna señal que indicara su presencia o cualquier disuasión de continuar por el camino, como el cartel de Carretera Cortada… claro que el hecho baladí de que esté situado sólo a unos 12 metros del pantano me hubiera impedido frenar a tiempo –como le pasó al conductor senegalés-. Y eso en el caso de que hubiera frenado, porque el mismo cartel permite el paso a los vehículos autorizados por la Confederación Hidrográfica del Guadiana. Vehículos híbridos, supongo.
No le di más vueltas: si es de noche, estás perdido, el localizador electrónico no funciona y te marca que puedes ir por una carretera que te conduce derecho al pantano, y encima no hay ninguna señal o barrera contundente que te impida seguir… macho, se dan todas las negligencias, incompetencias y circunstancias adversas como para caer en el agua. Mala suerte, le podía haber pasado a cualquiera, incluida la tipa que rió del siniestro.
Bueno, me dije, al menos ya no volverá a pasar, pondrán una barrera luminosa para que la gente frene y no se ahogue, indicarán mejor las direcciones para que nadie se adentre por la carretera maldita y, sobre todo, cambiarán en el puto GPS la información para que no vuelva a señalar una dirección intransitable.
Pero… no sé, sentí un escalofrío y seguí leyendo, y vi que el embalse lleva lleno y en el mismo sitio desde 1995, que ni la Junta de Extremadura ni la Confederación Hidrográfica del Guadiana ni la Diputación de Badajoz reconocen que sea su responsabilidad señalizar aquella carretera extinta. Y fue entonces, sólo entonces, cuando pensé: ni lo van a hacer. El GPS seguirá indicando la dirección funesta y ninguna administración pública se va hacer responsable de señalizar y obstaculizar, porque eso es tanto como hacerse responsable del accidente. Efectivamente, mantenella y no enmendalla. Los próximos ahogados están por llegar.
La noche del 2 de octubre dos tipos viajaban en un vehículo, pendientes de cualquier señal que les indicara dónde coño estaban. Circulaban por una mala carretera, no tanto por el firme, la falta de peralte o quitamiedos, que también, sino por la nula señalización. Se habían pasado la mañana vendiendo bolsos y cinturones en un municipio pacense; la noche les pilló camino de Almadén, en Ciudad Real; allí descansarían y seguirían vendiendo a la mañana siguiente. Llevaban un localizador, un GPS; lo siguieron y el aparatito empezó a rayarse. Ahora por aquí, ahora por allá, te lo digo en italiano, francés o inglés, voz de hombre o de mujer, pero la dirección correcta, colega, que te la dé cualquier lugareño, porque yo tampoco tengo ni la más remota idea de por dónde queda Almadén ni Ciudad Real. Así que supongo que el conductor empezaría a mentar a la madre del aparato electrónico y, de paso, a los padres de los ingenieros de caminos, canales y puertos que diseñaron la carretera, y me imagino que el senegalés debió seguir ciscándose en la Dirección General de Tráfico y en todo bicho viviente, hasta que el pantano de La Serena, en la provincia de Badajoz, le salió al encuentro.
Cuando me enteré de la noticia me pareció propia de un relato de terror. Recuerdo que la comenté en voz alta, estupefacto, y una tipa comenzó a reírse, metiéndose con la pericia del conductor. Pensé que aquello podía haberme ocurrido a mí, que soy miope, me oriento mal y me lío con el GPS; si a eso le sumas la noche y el cansancio resulta que la ecuación es igual a: vulnerabilidad. Así que no compartí las risas de la comentarista y me afané por averiguar cómo había ocurrido la tragedia para tratar de aprender en cabeza ajena.
El Peugeot 306 se precipitó en el embalse de La Serena. Los dos senegaleses pudieron salir del coche que ya se hundía, pero el conductor, Mohamadou Dassi Gueye, no sabía nadar y pereció ahogado.
Mira, pensé, al menos yo sé nadar, claro que luego me percaté de que a lo mejor no hubiera tenido la fuerza del senegalés para abrir la puerta de un vehículo inmerso en agua. Pero, bueno, razoné, tal vez no hubiera caído al pantano, quizás yo o mi chica habríamos visto alguna señal que indicara su presencia o cualquier disuasión de continuar por el camino, como el cartel de Carretera Cortada… claro que el hecho baladí de que esté situado sólo a unos 12 metros del pantano me hubiera impedido frenar a tiempo –como le pasó al conductor senegalés-. Y eso en el caso de que hubiera frenado, porque el mismo cartel permite el paso a los vehículos autorizados por la Confederación Hidrográfica del Guadiana. Vehículos híbridos, supongo.
No le di más vueltas: si es de noche, estás perdido, el localizador electrónico no funciona y te marca que puedes ir por una carretera que te conduce derecho al pantano, y encima no hay ninguna señal o barrera contundente que te impida seguir… macho, se dan todas las negligencias, incompetencias y circunstancias adversas como para caer en el agua. Mala suerte, le podía haber pasado a cualquiera, incluida la tipa que rió del siniestro.
Bueno, me dije, al menos ya no volverá a pasar, pondrán una barrera luminosa para que la gente frene y no se ahogue, indicarán mejor las direcciones para que nadie se adentre por la carretera maldita y, sobre todo, cambiarán en el puto GPS la información para que no vuelva a señalar una dirección intransitable.
Pero… no sé, sentí un escalofrío y seguí leyendo, y vi que el embalse lleva lleno y en el mismo sitio desde 1995, que ni la Junta de Extremadura ni la Confederación Hidrográfica del Guadiana ni la Diputación de Badajoz reconocen que sea su responsabilidad señalizar aquella carretera extinta. Y fue entonces, sólo entonces, cuando pensé: ni lo van a hacer. El GPS seguirá indicando la dirección funesta y ninguna administración pública se va hacer responsable de señalizar y obstaculizar, porque eso es tanto como hacerse responsable del accidente. Efectivamente, mantenella y no enmendalla. Los próximos ahogados están por llegar.
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domingo, 17 de octubre de 2010
62. El Tintorro Party
(Carta interceptada por los servicios secretos andorranos)
Estimada marquesa: Ya habrá visto usted desde hace tiempo cómo se la montan los americanos con eso del Tea Party, ya sabe, una peculiar fiesta del té que logrará echar al negro de la Casa Blanca, una institución que, como su propio nombre indica, no está hecha para negros y sí para blancos. Como soy un hombre viajado y culto, pero a la vez católico y cristiano viejo, he decidido traer lo mejor de América hasta nuestra maltratada España, esta nación que viene sufriendo el acoso de los rojos, los maricones y los masones desde hace demasiado tiempo. Una España en la que, para colmo, no gana el Madrid –su equipo de fútbol-, debido a una conjura catalonoarbitral que nos está costando tantos disgustos.
A lo que íbamos, unos amigos y servidor vamos a traernos hasta España el movimiento antes citado, pero como ocurría con el Generalísimo –defendido siempre por nosotros aunque guardando la cautela requerida por los nuevos tiempos-, tendremos que adaptarlo a las saludables costumbres hispanas. Como aquí no bebemos té ni ganas de hacerlo, lo hemos bautizado como El Tintorro Party. Mi cuñado, otro hombre culto y viajado aunque de costumbres algo liberales, nos ha sugerido el nombre. Dice que aúna la modernidad del movimiento estadounidense –Party- con la casta española –El Tintorro-. Lo he dejado estar por no llevarme un disgusto con mi hermana, pero sé que el término se lo ha escuchado al separatista vasco ese de Cuatro, a Iñaki Gabilondo. Pero bien pensado, qué más nos da que sean nuestros propios enemigos quienes nos bauticen, señora marquesa, después de todo hay cierto prestigio en ello.
Voy al grano, estimada, ya sé que su tiempo bien lo vale. Usted ya conoce a muchos de nuestros futuros integrantes. La animan en las tertulias radiofónicas, en varias cadenas de televisión e incluso en alguna gaceta. Y sabe que el apoyo no se limita a esos intelectuales –ejem-, sino que las fuerzas vivas de España también están con usted. No hay más que ver el desfile de las Fuerzas Armadas y la cantidad de vítores que recibió a través de los abucheos a ZP. Gallardón se nos escapó esta vez, pero no se preocupe que ya caerá.
Como trataba de decirle, ya somos legión los seguidores de sus métodos, los aplaudidores de sus excelsas intervenciones. Por ello me place invitarla al Primer Congreso de El Tintorro Party. Allí nos verá a todos, escuchará nuestras propuestas y la vitorearemos como lo que en realidad es usted: la mejor candidata para presidir España. Mi cuñado también quiere que invitemos a Camps, pero eso quería comentárselo a usted primero. No sé, no sé, si tuviera un poquito menos de pluma lo mismo hasta me gustaba, pero hay que atarlo en corto para que no digan que nos estamos ablandando. Al señor Cascos ya lo he invitado; José Mari nos apoya pero no podrá acudir –dijo algo de una Cruzada-, y sí que estarán Mayor Oreja y Alejo Vidal-Quadras –qué gran político si no le hubiera traicionado la voz, en fin, ¡catalán tenía que ser!-.
Poco más, señora marquesa, estaremos encantados de debatir con usted algunas de nuestras propuestas, con la Esperanza de que sea usted misma y no Rajoy quien las lleve acabo desde el Gobierno. Le adelanto que trataremos sobre la cadena perpetua, el cierre de fronteras, la expulsión de musulmanes y gitanos, el blindaje del sistema financiero, el despido libre y masivo así como la bajada de sueldos progresiva (contaremos con las magníficas aportaciones de Díaz Ferrán, ¡si ese hombre no existiera habría que engendrarlo!). También abordaremos la prohibición de la huelga general así como la vuelta del crucifijo allí donde haya cuatro paredes –hasta en los burdeles, si me permite la gracia-.
Esperando contar con su presencia, reciba un patriótico y fraternal abrazo.
(Carta interceptada por los servicios secretos andorranos)
Estimada marquesa: Ya habrá visto usted desde hace tiempo cómo se la montan los americanos con eso del Tea Party, ya sabe, una peculiar fiesta del té que logrará echar al negro de la Casa Blanca, una institución que, como su propio nombre indica, no está hecha para negros y sí para blancos. Como soy un hombre viajado y culto, pero a la vez católico y cristiano viejo, he decidido traer lo mejor de América hasta nuestra maltratada España, esta nación que viene sufriendo el acoso de los rojos, los maricones y los masones desde hace demasiado tiempo. Una España en la que, para colmo, no gana el Madrid –su equipo de fútbol-, debido a una conjura catalonoarbitral que nos está costando tantos disgustos.
A lo que íbamos, unos amigos y servidor vamos a traernos hasta España el movimiento antes citado, pero como ocurría con el Generalísimo –defendido siempre por nosotros aunque guardando la cautela requerida por los nuevos tiempos-, tendremos que adaptarlo a las saludables costumbres hispanas. Como aquí no bebemos té ni ganas de hacerlo, lo hemos bautizado como El Tintorro Party. Mi cuñado, otro hombre culto y viajado aunque de costumbres algo liberales, nos ha sugerido el nombre. Dice que aúna la modernidad del movimiento estadounidense –Party- con la casta española –El Tintorro-. Lo he dejado estar por no llevarme un disgusto con mi hermana, pero sé que el término se lo ha escuchado al separatista vasco ese de Cuatro, a Iñaki Gabilondo. Pero bien pensado, qué más nos da que sean nuestros propios enemigos quienes nos bauticen, señora marquesa, después de todo hay cierto prestigio en ello.
Voy al grano, estimada, ya sé que su tiempo bien lo vale. Usted ya conoce a muchos de nuestros futuros integrantes. La animan en las tertulias radiofónicas, en varias cadenas de televisión e incluso en alguna gaceta. Y sabe que el apoyo no se limita a esos intelectuales –ejem-, sino que las fuerzas vivas de España también están con usted. No hay más que ver el desfile de las Fuerzas Armadas y la cantidad de vítores que recibió a través de los abucheos a ZP. Gallardón se nos escapó esta vez, pero no se preocupe que ya caerá.
Como trataba de decirle, ya somos legión los seguidores de sus métodos, los aplaudidores de sus excelsas intervenciones. Por ello me place invitarla al Primer Congreso de El Tintorro Party. Allí nos verá a todos, escuchará nuestras propuestas y la vitorearemos como lo que en realidad es usted: la mejor candidata para presidir España. Mi cuñado también quiere que invitemos a Camps, pero eso quería comentárselo a usted primero. No sé, no sé, si tuviera un poquito menos de pluma lo mismo hasta me gustaba, pero hay que atarlo en corto para que no digan que nos estamos ablandando. Al señor Cascos ya lo he invitado; José Mari nos apoya pero no podrá acudir –dijo algo de una Cruzada-, y sí que estarán Mayor Oreja y Alejo Vidal-Quadras –qué gran político si no le hubiera traicionado la voz, en fin, ¡catalán tenía que ser!-.
Poco más, señora marquesa, estaremos encantados de debatir con usted algunas de nuestras propuestas, con la Esperanza de que sea usted misma y no Rajoy quien las lleve acabo desde el Gobierno. Le adelanto que trataremos sobre la cadena perpetua, el cierre de fronteras, la expulsión de musulmanes y gitanos, el blindaje del sistema financiero, el despido libre y masivo así como la bajada de sueldos progresiva (contaremos con las magníficas aportaciones de Díaz Ferrán, ¡si ese hombre no existiera habría que engendrarlo!). También abordaremos la prohibición de la huelga general así como la vuelta del crucifijo allí donde haya cuatro paredes –hasta en los burdeles, si me permite la gracia-.
Esperando contar con su presencia, reciba un patriótico y fraternal abrazo.
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