85. Las rodillas de sus señorías
Tras la resaca de las últimas semanas, después de un resfriado que me ha durado mes y medio, la llegada de la primavera (ansiada pero cada vez más criminal, entre la alergia y la astenia) y la publicación de Las aventuras de Barén, por fin va llegando la normalidad a la Taberna. Creía que me iba costar más trabajo retomar la actualidad nacional, pero los políticos españoles y europeos siempre te echan una mano, de hecho te lo ponen a huevo. Si las cosas continúan así les quitarán el puesto a los contertulios y colaboradores de los programas del corazón para ocuparlos ellos: no sólo no solucionan problemas sino que los crean para entretenerse y jodernos de paso.
La última ha venido por unas declaraciones del eurodiputado del PP y vicepresidente del Parlamento Europeo, Alejo Vidal-Quadras, que tras la polémica de los viajes en clase preferente de los eurodiputados, nos aleccionaba a los ciudadanos diciendo que un eurodiputado debe viajar en clase vip para desarrollar mejor su trabajo. Porque, claro, tras más de 300 vuelos anuales (el dato es suyo), uno, venía a decir Alejo, no puede viajar en clase turista, con las rodillas apretadas, y después desarrollar la labor política (vaya tela) con eficacia. Es lógico. Sus señorías llegan cansados de los viajes, con los trajes arrugados, oliendo un poco a sudor y otro poco a perfume caro y, claro, darle después al botoncito en el Europarlamento o reunirse con el lobby de turno para que a uno lo unten convenientemente… pues eso, colega, que te lo tengo que explicar todo, no queda bonito, que se tienen que presentar ante el mundo entero con la gomina recién puesta y el gesto descansado.
La verdad es que entiendo perfectamente a los eurodiputados, Alejo incluido. Yo, cuando cogía el tren de las 7:15 de la mañana para ir al trabajo, tenía que compartir un vagón con capacidad de 60 personas con alrededor del triple de pasajeros. No es que no pudiera sentarme, ¡qué insolencia!, es que apenas cabía de pie, me sentía como una anchoa enlatada. A mí, al igual que Alejo, también me parecía una auténtica pasada tener que trabajar después del suplicio de viajar en aquel vagón infecto, con las rodillas apretadas, los testículos apretados por mis piernas apretadas, y los pulmones estrujados por no respirar el aire que exhalaban las multitudes apretadas que me rodeaban. Tras el corto trayecto en el tren de cercanías (unos 15 minutos), me bajaba en Valencia, tomaba un poco de aire para recuperar mi volumen estándar, y me encaminaba a mi curro con la ropa arrugada, oliendo aún a sobaco ajeno y al propio, pero eso sí, con una sonrisa en los labios mientras me acordaba del Estado, las Autonomías, Renfe, los políticos y sus secuaces.
Después, una vez que me sentaba en la oficina, rendía de puta madre, no tanto por el trayecto sino por la seguridad de que si me relajaba me mandaban a la calle; así que, querido Alejo, queridos eurodiputados y eurodiputadas, no se crean que la clase turista es tan mala como ven en las películas, ¡qué va! Rendirán sus señorías tan bien como hasta ahora, es más, seguro que los transportes funcionarían mejor de usarlos ustedes como los uso yo. Seguro que habilitarían más vagones, que aumentarían la distancia entre asientos, que invertirían más en reparar lo averiado y restaurar lo viejo. Ustedes regulan la actividad del resto de la sociedad, aquí y en todas las democracias. Quizás ya sea hora que el estatuto del político profesional lo empecemos a regular los ciudadanos. Duración en el cargo, incompatibilidades, sueldos y prebendas… son decisiones que no deben tomar ustedes por muy descansados que estén. Ya sabemos el resultado y no nos gusta.
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domingo, 10 de abril de 2011
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domingo, 17 de octubre de 2010
62. El Tintorro Party
(Carta interceptada por los servicios secretos andorranos)
Estimada marquesa: Ya habrá visto usted desde hace tiempo cómo se la montan los americanos con eso del Tea Party, ya sabe, una peculiar fiesta del té que logrará echar al negro de la Casa Blanca, una institución que, como su propio nombre indica, no está hecha para negros y sí para blancos. Como soy un hombre viajado y culto, pero a la vez católico y cristiano viejo, he decidido traer lo mejor de América hasta nuestra maltratada España, esta nación que viene sufriendo el acoso de los rojos, los maricones y los masones desde hace demasiado tiempo. Una España en la que, para colmo, no gana el Madrid –su equipo de fútbol-, debido a una conjura catalonoarbitral que nos está costando tantos disgustos.
A lo que íbamos, unos amigos y servidor vamos a traernos hasta España el movimiento antes citado, pero como ocurría con el Generalísimo –defendido siempre por nosotros aunque guardando la cautela requerida por los nuevos tiempos-, tendremos que adaptarlo a las saludables costumbres hispanas. Como aquí no bebemos té ni ganas de hacerlo, lo hemos bautizado como El Tintorro Party. Mi cuñado, otro hombre culto y viajado aunque de costumbres algo liberales, nos ha sugerido el nombre. Dice que aúna la modernidad del movimiento estadounidense –Party- con la casta española –El Tintorro-. Lo he dejado estar por no llevarme un disgusto con mi hermana, pero sé que el término se lo ha escuchado al separatista vasco ese de Cuatro, a Iñaki Gabilondo. Pero bien pensado, qué más nos da que sean nuestros propios enemigos quienes nos bauticen, señora marquesa, después de todo hay cierto prestigio en ello.
Voy al grano, estimada, ya sé que su tiempo bien lo vale. Usted ya conoce a muchos de nuestros futuros integrantes. La animan en las tertulias radiofónicas, en varias cadenas de televisión e incluso en alguna gaceta. Y sabe que el apoyo no se limita a esos intelectuales –ejem-, sino que las fuerzas vivas de España también están con usted. No hay más que ver el desfile de las Fuerzas Armadas y la cantidad de vítores que recibió a través de los abucheos a ZP. Gallardón se nos escapó esta vez, pero no se preocupe que ya caerá.
Como trataba de decirle, ya somos legión los seguidores de sus métodos, los aplaudidores de sus excelsas intervenciones. Por ello me place invitarla al Primer Congreso de El Tintorro Party. Allí nos verá a todos, escuchará nuestras propuestas y la vitorearemos como lo que en realidad es usted: la mejor candidata para presidir España. Mi cuñado también quiere que invitemos a Camps, pero eso quería comentárselo a usted primero. No sé, no sé, si tuviera un poquito menos de pluma lo mismo hasta me gustaba, pero hay que atarlo en corto para que no digan que nos estamos ablandando. Al señor Cascos ya lo he invitado; José Mari nos apoya pero no podrá acudir –dijo algo de una Cruzada-, y sí que estarán Mayor Oreja y Alejo Vidal-Quadras –qué gran político si no le hubiera traicionado la voz, en fin, ¡catalán tenía que ser!-.
Poco más, señora marquesa, estaremos encantados de debatir con usted algunas de nuestras propuestas, con la Esperanza de que sea usted misma y no Rajoy quien las lleve acabo desde el Gobierno. Le adelanto que trataremos sobre la cadena perpetua, el cierre de fronteras, la expulsión de musulmanes y gitanos, el blindaje del sistema financiero, el despido libre y masivo así como la bajada de sueldos progresiva (contaremos con las magníficas aportaciones de Díaz Ferrán, ¡si ese hombre no existiera habría que engendrarlo!). También abordaremos la prohibición de la huelga general así como la vuelta del crucifijo allí donde haya cuatro paredes –hasta en los burdeles, si me permite la gracia-.
Esperando contar con su presencia, reciba un patriótico y fraternal abrazo.
(Carta interceptada por los servicios secretos andorranos)
Estimada marquesa: Ya habrá visto usted desde hace tiempo cómo se la montan los americanos con eso del Tea Party, ya sabe, una peculiar fiesta del té que logrará echar al negro de la Casa Blanca, una institución que, como su propio nombre indica, no está hecha para negros y sí para blancos. Como soy un hombre viajado y culto, pero a la vez católico y cristiano viejo, he decidido traer lo mejor de América hasta nuestra maltratada España, esta nación que viene sufriendo el acoso de los rojos, los maricones y los masones desde hace demasiado tiempo. Una España en la que, para colmo, no gana el Madrid –su equipo de fútbol-, debido a una conjura catalonoarbitral que nos está costando tantos disgustos.
A lo que íbamos, unos amigos y servidor vamos a traernos hasta España el movimiento antes citado, pero como ocurría con el Generalísimo –defendido siempre por nosotros aunque guardando la cautela requerida por los nuevos tiempos-, tendremos que adaptarlo a las saludables costumbres hispanas. Como aquí no bebemos té ni ganas de hacerlo, lo hemos bautizado como El Tintorro Party. Mi cuñado, otro hombre culto y viajado aunque de costumbres algo liberales, nos ha sugerido el nombre. Dice que aúna la modernidad del movimiento estadounidense –Party- con la casta española –El Tintorro-. Lo he dejado estar por no llevarme un disgusto con mi hermana, pero sé que el término se lo ha escuchado al separatista vasco ese de Cuatro, a Iñaki Gabilondo. Pero bien pensado, qué más nos da que sean nuestros propios enemigos quienes nos bauticen, señora marquesa, después de todo hay cierto prestigio en ello.
Voy al grano, estimada, ya sé que su tiempo bien lo vale. Usted ya conoce a muchos de nuestros futuros integrantes. La animan en las tertulias radiofónicas, en varias cadenas de televisión e incluso en alguna gaceta. Y sabe que el apoyo no se limita a esos intelectuales –ejem-, sino que las fuerzas vivas de España también están con usted. No hay más que ver el desfile de las Fuerzas Armadas y la cantidad de vítores que recibió a través de los abucheos a ZP. Gallardón se nos escapó esta vez, pero no se preocupe que ya caerá.
Como trataba de decirle, ya somos legión los seguidores de sus métodos, los aplaudidores de sus excelsas intervenciones. Por ello me place invitarla al Primer Congreso de El Tintorro Party. Allí nos verá a todos, escuchará nuestras propuestas y la vitorearemos como lo que en realidad es usted: la mejor candidata para presidir España. Mi cuñado también quiere que invitemos a Camps, pero eso quería comentárselo a usted primero. No sé, no sé, si tuviera un poquito menos de pluma lo mismo hasta me gustaba, pero hay que atarlo en corto para que no digan que nos estamos ablandando. Al señor Cascos ya lo he invitado; José Mari nos apoya pero no podrá acudir –dijo algo de una Cruzada-, y sí que estarán Mayor Oreja y Alejo Vidal-Quadras –qué gran político si no le hubiera traicionado la voz, en fin, ¡catalán tenía que ser!-.
Poco más, señora marquesa, estaremos encantados de debatir con usted algunas de nuestras propuestas, con la Esperanza de que sea usted misma y no Rajoy quien las lleve acabo desde el Gobierno. Le adelanto que trataremos sobre la cadena perpetua, el cierre de fronteras, la expulsión de musulmanes y gitanos, el blindaje del sistema financiero, el despido libre y masivo así como la bajada de sueldos progresiva (contaremos con las magníficas aportaciones de Díaz Ferrán, ¡si ese hombre no existiera habría que engendrarlo!). También abordaremos la prohibición de la huelga general así como la vuelta del crucifijo allí donde haya cuatro paredes –hasta en los burdeles, si me permite la gracia-.
Esperando contar con su presencia, reciba un patriótico y fraternal abrazo.
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