107. Hablando de hobbits
No, hombre, no, que para el tiempo que llevo callado tampoco es cuestión de eludir la realidad y refugiarme en la ficción, aunque la segunda da más alegría que la primera, quizás porque los que nos dediquemos a crear historias seamos mejores personas que los que viven de gestionar las vidas ajenas. La mezcla letal de pereza, hartazgo y otros asuntos han hecho que cerrara la Taberna durante unos meses sin previo aviso, y tampoco prometo ahora abrir todas las semanas y mantener cierta regularidad; los caminos de la Taberna, como los de la vida misma, son inescrutables incluso para mí.
Sí puedo decir en mi descargo que durante esta ausencia, alguno de los otros asuntos que mencionaba consistió en escribir y publicar mi segundo libro: Barén y los pozos infinitos, un libro juvenil de la serie que estoy escribiendo (¡¡ya llevo dos!!). No obstante, sería más falso que el programa electoral del PP si atribuyera a la escritura y publicación de la segunda parte de Barén el hecho de que no haya escrito columna alguna en estos 7 meses: hubo tiempo pero no ganas.
¿Por qué?, se preguntaba Mourinho y me pregunto yo. Pues por pesimismo, por hablar de políticos ineptos, sistemas corruptos y Estados de necios. Porque al final, señalar con el dedo a tanto miserable con poder, aunque sea una obligación autoimpuesta, desgasta como la Liga a Guardiola. Porque, en definitiva, contar lo que todos sabemos que va a pasar (bueno, no todos) no impide que el tren descarrile, y uno, que tiene la desgracia de pensar que otra forma de hacer las cosas es posible y beneficiosa para la mayoría, se amarga más de lo razonable por la situación de quiebra económica y emocional del país. No es que sea más patriota que nadie, es que las tijeras de los recortes están acuchillando a la clase empobrecida española, clase a la que pertenezco, como muchos de ustedes.
Podría optar por otros temas, escribir sobre historias optimistas, ejemplares o, como decía antes, eludir la realidad y hablar de hobbits, elfos y gnomos; pero todo novelista sabe que el buen rollo encandila durante escaso trecho, apenas unos párrafos, y que si la peña te lee, aunque a todos nos gusten los finales felices, es porque va a haber desgracias a punta de pala, mogollón de sangre y malos malísimos que terminarán metiéndose en nuestros sueños para trocarlos por funestas pesadillas. O algo así, tampoco hay que ser tan tremendo.
Y, además, ¡qué cojones!, escribía eso porque también me gusta mentarle la madre al poderoso, alguna ventaja queda todavía (quizás por poco tiempo) en esta democracia enclenque y pobrecita; antes de que la recorten, la libertad de expresión sigue valiendo y hay que ejercerla.
Bueno, queridos amig@s, gracias por aguantarme y leerme, y que los elfos y yo estaremos por la Taberna de vez en cuando repartiendo lembas (pan parecido a las tortitas dietéticas de maíz, que no saben a nada pero quitan el hambre, aunque si les echas ketchup ganan bastante, como cualquier cosa a la que le eches ketchup). Puede que la guerra esté perdida, que la derrota sea larga y se cierna sobre nosotros la noche, pero la lucidez también necesita descanso, mañana amanecerá y al menos hay que ganarle alguna batalla al destino.
Gondor resiste.
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martes, 22 de mayo de 2012
domingo, 16 de enero de 2011
74. Un líder en el país de los jefes
Es lógico que a alguien como a él lo odien y quieran tanto en España, aunque sean (como siempre) bastantes más los detractores que quienes lo admiramos. Es fácil despreciar en nuestro país y más a un tío que, de vez en cuando, también hace méritos. Nos conoce bien por vecindad y sabe que no hay cosa que le mole más a un español que entrar al trapo. Embestir es uno de nuestros verbos favoritos, al menos para 9 de cada 10 españoles (lo decía Machado mucho mejor). Pero sobre todo, yo creo que buena parte de quienes le odian lo hacen porque no están acostumbrados a bregar con personas como él: a tratar con verdaderos líderes. Por esa misma razón y aunque parezca contradictorio, sus jugadores parecen felices y satisfechos, es más, yo diría que incluso orgullosos. ¿Motivo? Pues por eso mismo, por trabajar a las órdenes de un verdadero líder.
José Mourinho, entrenador del Real Madrid, lleva sólo unos meses en España pero ha conseguido llamar más la atención que Javier Clemente en sus buenos tiempos, y eso sin que se le congestione la cara ni se ponga colorado, como le pasaba al vizcaíno. El portugués critica a otros entrenadores, chulea a los periodistas, pica a la afición del Madrid, cuestiona a su presidente y a su director deportivo… pero sabe premiar, castigar y, sobre todo, motivar a sus jugadores, a sus futbolistas. Ellos saben que están ante un tipo diferente, poco común en el territorio nacional, un tipo que sabe cuándo se tiene que poner delante y cuándo debe dejar que otros asuman responsabilidades, un tipo, en definitiva, bastante justo y honesto, pero además inteligente, con una gran intuición y experiencia. Alguien que sabe ponerse en la piel de los demás y arrancarles del miedo, del pesimismo o la tristeza, que contagia al resto de sentimientos mejores y más útiles para la vida, que señala en la oscuridad un punto y dice: “Por allí”.
Si una gran empresa quisiera trazar el perfil de uno de sus futuros candidatos a ejecutivo, debería echarle un vistazo al entrenador merengue. Casi seguro que ya lo estudian en buena parte las grandes escuelas de negocios de todo el mundo, del mismo modo que al personaje que interpreta el actor Russel Crowe en la película Master and Commander, el capitán de navío Jack Aubrey (para que luego digan que la literatura y el cine sólo sirven para entretener, cuando en realidad, si son de calidad, además de entretenernos nos aportan unas referencias extraordinarias para vivir. ¿Y el mago Gandalf, de El señor de los anillos? ¿No es otra referencia exquisita? El que no existan en la realidad no significa que no influyan en nuestras vidas. Son buenas ficciones que nos hacen mejores… siempre que las conozcamos, claro).
Pero España no es un país de grandes líderes, es el país de los jefes, en el que un grupo sigue a una persona no por sus dotes de guía sino porque un contrato lo dice. Claro que así empiezan muchos, el problema nacional es que no evolucionan y, años después del nombramiento, el jefe sigue siendo un tipo o una tipa que entra una hora más tarde que tú en el curro (o dos, o tres) y alguien que se supone que has de saludar siempre e invitarlo a la comunión de tus hijos.
Que no se preocupen sus detractores, Mourinho, tras su paréntesis español volverá a Inglaterra: un hábitat mucho más natural para gente como él. Y como Guardiola, otro de los grandes, pero de él hablaré otro día.
Es lógico que a alguien como a él lo odien y quieran tanto en España, aunque sean (como siempre) bastantes más los detractores que quienes lo admiramos. Es fácil despreciar en nuestro país y más a un tío que, de vez en cuando, también hace méritos. Nos conoce bien por vecindad y sabe que no hay cosa que le mole más a un español que entrar al trapo. Embestir es uno de nuestros verbos favoritos, al menos para 9 de cada 10 españoles (lo decía Machado mucho mejor). Pero sobre todo, yo creo que buena parte de quienes le odian lo hacen porque no están acostumbrados a bregar con personas como él: a tratar con verdaderos líderes. Por esa misma razón y aunque parezca contradictorio, sus jugadores parecen felices y satisfechos, es más, yo diría que incluso orgullosos. ¿Motivo? Pues por eso mismo, por trabajar a las órdenes de un verdadero líder.
José Mourinho, entrenador del Real Madrid, lleva sólo unos meses en España pero ha conseguido llamar más la atención que Javier Clemente en sus buenos tiempos, y eso sin que se le congestione la cara ni se ponga colorado, como le pasaba al vizcaíno. El portugués critica a otros entrenadores, chulea a los periodistas, pica a la afición del Madrid, cuestiona a su presidente y a su director deportivo… pero sabe premiar, castigar y, sobre todo, motivar a sus jugadores, a sus futbolistas. Ellos saben que están ante un tipo diferente, poco común en el territorio nacional, un tipo que sabe cuándo se tiene que poner delante y cuándo debe dejar que otros asuman responsabilidades, un tipo, en definitiva, bastante justo y honesto, pero además inteligente, con una gran intuición y experiencia. Alguien que sabe ponerse en la piel de los demás y arrancarles del miedo, del pesimismo o la tristeza, que contagia al resto de sentimientos mejores y más útiles para la vida, que señala en la oscuridad un punto y dice: “Por allí”.
Si una gran empresa quisiera trazar el perfil de uno de sus futuros candidatos a ejecutivo, debería echarle un vistazo al entrenador merengue. Casi seguro que ya lo estudian en buena parte las grandes escuelas de negocios de todo el mundo, del mismo modo que al personaje que interpreta el actor Russel Crowe en la película Master and Commander, el capitán de navío Jack Aubrey (para que luego digan que la literatura y el cine sólo sirven para entretener, cuando en realidad, si son de calidad, además de entretenernos nos aportan unas referencias extraordinarias para vivir. ¿Y el mago Gandalf, de El señor de los anillos? ¿No es otra referencia exquisita? El que no existan en la realidad no significa que no influyan en nuestras vidas. Son buenas ficciones que nos hacen mejores… siempre que las conozcamos, claro).
Pero España no es un país de grandes líderes, es el país de los jefes, en el que un grupo sigue a una persona no por sus dotes de guía sino porque un contrato lo dice. Claro que así empiezan muchos, el problema nacional es que no evolucionan y, años después del nombramiento, el jefe sigue siendo un tipo o una tipa que entra una hora más tarde que tú en el curro (o dos, o tres) y alguien que se supone que has de saludar siempre e invitarlo a la comunión de tus hijos.
Que no se preocupen sus detractores, Mourinho, tras su paréntesis español volverá a Inglaterra: un hábitat mucho más natural para gente como él. Y como Guardiola, otro de los grandes, pero de él hablaré otro día.
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