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sábado, 15 de agosto de 2020

Hoy recomiendo... Últimas tardes con Teresa, de Juan MArsé

Hola, amigos, hoy os recomiendo una de las mejores novelas españolas de la segunda mitad del sigloXX, Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé. Dentro vídeo.



miércoles, 12 de octubre de 2011

106. Estimado compatriota

           Antes que nada quiero que sepas que entiendo la putada tan gorda que supone que os cierren ambulatorios y despidan a personal sanitario y docente; de este desmantelamiento progresivo del estado del bienestar, me temo, no se va a salvar ninguna región de España, aunque Cataluña, como en otras ocasiones, haya sido pionera. Lo lamento porque sé que también me tocará a mí, que vivo en Valencia, y es posible que en Andalucía acabe pasando, de donde soy y vive casi toda mi familia y muchos amigos.
          Sé también que las paridas con las que últimamente se prodigan los políticos catalanes contra mi tierra (nación, país, región… tú mismo) son prejuicios generalizados que tenéis en Cataluña –no te apures, tampoco os apreciamos mucho por aquí abajo, para qué engañarnos-, pero sobre todo funcionan como una cortina de humo un tanto burda y cateta con la que disimular los tijeretazos de CIU. Probablemente el tripartito no fue un dechado de virtudes, pero me parece que vivís peor con los convergentes, que no sólo os quitan derechos fundamentales sino que de paso os enemistan con el resto del país.
          Y no sólo lo digo por las declaraciones de ese calvo sobrevalorado en Madrid, Duran, que con decir “me presento como español” ya tiene babeando en sus rodillas a la derecha madrileña (se merecen respectivamente, menuda panda), ni tampoco por las dificultades de compresión de vuestro presidente, Mas (a ver, a ver, el acento de Shakira, ¿a cuál se parece más? ¿al de un catalán o al de un andaluz? ¿Y el de los cientos de millones de hispanohablantes no españoles? Se parece un poco al acento de los canarios, extremeños y andaluces, ¿no? A lo mejor el problema –o poblema, tú ya me entiendes- lo tiene Mas y los que hablan como él). Tampoco lo digo por las declaraciones de Monserrat Nebrera (sí, hombre, la ex del PP catalán que cuando llamaba a un hotel de Córdoba ni entendía ella ni la comprendían; no me extraña, ni en su propio partido lo hacían) ni por los insultos (cretino, subnormal profundo) que Alejo Vidal-Machote-Quadras le dedicó a Blas Infante, y tampoco lo digo porque el independentista Joan Puig dijera aquello de que en Andalucía no pagaba ni Dios (salvo Jordi Pujol cuando se pasea por Huelva, se entiende).
          Lo digo sobre todo, estimado compatriota, y ahora hablo de vuestra mala imagen en España, porque en términos de altura, y comprende el símil, un catalán es un tipo de 1,75 que anda como loco buscando a otro tío de 1,72 para llamarlo bajito. Y sí, a pesar de vuestros ambulatorios cerrados, de vuestras escuelas masificadas, de vuestras autovías con peajes (en el sur también, pero menos), de vuestros políticos corruptos, torpes y analfabetos (igual que en el resto de España, pero con ese tufillo arrogante y cateto que os enemista contra todos, y ahí no, compatriota, ahí se quedan solos los vuestros y la Marquesa de Madrid), de la devaluación progresiva de vuestro seny (ahora diréis que los disturbios que cada dos por tres hay en Barcelona son cosa de extranjeros)… a pesar de todo esto, lo reconozco, le sacáis 2 centímetros a la media nacional, y hasta puede que 3 a la andaluza… Pero, entiéndeme, camarada, y sigo con el símil, en la fría Europa, para esos mozalbetes de 1,90 para arriba, uno de 1,75 se llama igual que otro de 1,72: bajito; y cuando salís por el viejo continente y no estáis entre vosotros, buscáis el calor y la compañía del cordobés, del murciano, del navarro y del gallego, no del alemán, del francés o del danés (qué cosas, habiendo tanto extranjero por ahí y siempre os vais con los mismos).
          Y otro asunto, aunque vuestros grandes empresarios hayan hecho causa común con las fuerzas vivas de Madrid (su prensa, sus televisiones, su banca, sus políticos) y veamos a catalanes y a madrileños –oriundos o asimilados- al frente y detrás de los sectores más importantes de la endeble economía española (energía, turismo, medios de comunicación, constructoras, inmobiliarias, finanzas… ¡y administraciones públicas!), es decir, dirigiendo el cotarro, no habéis conseguido un país mejor (o un Estado, si lo prefieres). Los madrileños, por su eterna confusión de que la capital es España entera; vosotros, porque pudiendo ser los líderes de España, la cabeza del ratón hispano, despreciáis tanto a los demás que acabáis siendo los más odiados del país. Nada tan español como empezar bien y acabar cagándola.
          Un saludo, compatriota, y para que veas que los del sur también hablamos en otros idiomas:

           Yours sincerely
     

domingo, 19 de junio de 2011

95. El resorte democrático

A nuestros gobernantes no les hace falta diluir ninguna droga en el agua potable para adueñarse de nuestras voluntades; esto no es una peli de ciencia ficción en la que los españoles seamos víctimas de la perfidia extraterrestre, no somos el objetivo de una estrategia diseñada minuciosamente durante años para socavar poco a poco nuestra libertad de pensamiento y adueñarse así del planeta o de nuestra patria. Aquí basta enseñar una muleta roja para que 9 de cada 10 embistamos como toros, partiéndonos los cuernos entre sí, para ver quién es el primero por darse de cabezazos contra el muro que hay detrás del trapo rojo.
Acaba de pasar otra vez y a cuenta de las manifestaciones del 15-M en Barcelona, cuando algunos “indignados” trataron de impedir a los diputados del Parlamento catalán que accedieran al edificio (cualquier día los políticos hacen la ola a los perroflautas por darles la excusa perfecta para no ir a currar). Fue interesante ver cómo todos los demócratas españoles se rasgaron las vestiduras y dijeron aquello de hasta aquí hemos llegado: con nuestros representantes no se juega.
La verdad es que fue un resorte democrático el que se activó en nuestras mentes hispanas (la mía la primera). Tras casi 40 años de dictadura y un intento de golpe de Estado en febrero de 1981, el Congreso de los Diputados y sus primos hermanos, los parlamentos regionales, son para los españoles el sanctasanctórum de la democracia. Mientras haya parlamento hay democracia. Parlamento. Eso mismo decía Jack Sparrow en Piratas del Caribe cuando trataba de salvarse el culo. Los que manejan los hilos lo saben de puta madre.
Bien analizado ¿no es peor para la convivencia democrática que a una familia, tras desalojarla de su casa por no pagar la hipoteca, le obliguen a seguir pagando dicha hipoteca? ¿O abaratar el despido sin aumentar, a cambio, el sueldo mínimo interprofesional y sin crear puestos de trabajo? ¿O pagar con nuestros impuestos la macrodeuda de los bancos dejando las cuentas públicas, otrora saneadas, hechas un cisco, saqueando nuestras pensiones y permitiendo a la vez unas pocas jubilaciones euromillonarias sin que Hacienda diga nada? ¡Qué va! ¡Parlamento!, pronuncian, y como buenos piratas que son, utilizan el comodín del público para putearnos a gusto.
Sigo creyendo que el 15-M es un actor necesario, ya casi imprescindible para nuestra democracia. Hasta ahora era el mercado (o los mercados, si se pronuncia en plural uno parece que sabe más de economía aunque en realidad no se tenga ni pajolera idea) quien le decía al poder político por dónde debía caminar. Ahora, al menos, hay una voz que discrepa y que grita para otra dirección. ¿Fue un error manifestarse a las puertas del Congreso de los Diputados en Madrid (hombre, sí que lo fue porque como bien sabe el presidente del Congreso, José Bono, si buscas a un diputado no lo encuentras por el Congreso, y menos si es jueves), o dificultar el acceso al Parlamento de Cataluña? Sí, fue algo feo, pero a veces las fealdades son necesarias, sobre todo si son puntuales, meros avisos. Supongo que más de un diputado habrá reflexionado algo mientras iba en un furgón policial camino de su curro. Algo así como “espero que esto no vuelva a ocurrir”. El poder político es lo único que nos queda a los ciudadanos para defendernos de las tropelías de los nuevos señores feudales. Si los políticos no hacen otra cosa sino servirlos tendrán que soportar cada vez más de cerca el calor de nuestras antorchas: el fuego del pueblo. Y es verdad, la ira es irracional y más si viene de muchos y nace del miedo, del hambre y de la indignación lúcida o embrutecida. Es como el que alimenta un estanque de pirañas toda su vida y un buen día se cae dentro por un descuido. Explícale tú ahora a las pirañas que vas de buen rollo y que eres su representante. Buen provecho.